9 de abril de 2009

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De sus propios labios

Puerta tras puerta, nos recibían caras marcadas por los años. Algunos totalmente lúcidos, otros con dificultad entendían por qué estábamos en sus casas. El domingo 5 de abril, algunos madrijim del Hanoar Hatzioní be Costa Rica junto con miembros del Comité Yad Vashem, nos dimos la tarea de entregar las invitaciones para el acto de Yom Hashoá (Día del Holocausto) a cada uno de los Sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial.

En cada casa nos esperaba una experiencia diferente, casi siempre empezando con un “¿hijo de quién?”. A veces nos recibían empleadas, a veces hijos, pero por razones obvias, lo más impresionante era cuando podíamos tener una conversación –sin importar lo corta que fuera- con alguno de los invitados de honor. Uno de ellos alardeaba por haber estado en el bris* de mi papá, para demostrar que era demasiado viejo para estar yendo a los actos. Una de las señoras comentó que mientras estuviera en condiciones para ir, seguiría yendo, dada su gran importancia. Otro me recordaba que era su deber, como uno de los fundadores del Comité en Costa Rica, seguir participando de la actividad anual, hizo un breve resumen de lo que fue para él la construcción del monumento que está en el Cementerio y me felicitó por el trabajo del comité actual.

Somos parte de una generación privilegiada, que ha podido escuchar los recuerdos directamente de los labios de los Sobrevivientes. Cada vez somos más los que queremos escuchar sus voces, pero cada vez son menos los que pueden contarnos sobre su vida en los campos, en los refugios y en los ghettos de Europa de mediados del siglo XX. Iniciamos esta labor con grandes expectativas, pero nunca imaginamos que compartir durante tan solo algunos segundos con los Sobrevivientes, fortalecería de tal forma el “nunca jamás” en cada uno de nosotros.

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*Bris: Brit milá, ceremonia ritual de circuncisión.

Avy Faingezicht | 2008-2009

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